Juan Ambrocio Jiménez
Fotos: Ángel Juárez Barajas
@lines_th
Orgullosas de sus tradiciones y costumbres, así son la mayoría de las mujeres de la junta auxiliar de Santa María Coapan, una comunidad con más de 20 mil habitantes, quienes han logrado preservar su originalidad y riqueza gastronómica, para ganarse el título de “La Capital de la Tortilla”.
Este nombramiento se ha logrado por el esfuerzo que realizan de generación tras generación, puesto que desde muy pequeñas empiezan a trabajar haciendo tortillas a mano para venderlas en mercados, o casa por casa en Tehuacán y la región.
Es el caso de María Eugenia Cesareo Dolores, conocida en toda la comunidad como “Carmelita”, una mujer de 68 años de edad, quien recuerda que a la edad de 12 años empezó ayudar a su mamá a moler, hacer tortillas y luego venderlas.
Narra que este oficio lo aprendió de su abuelita, posteriormente de su mamá y sus hermanas más grandes que ella.

Detalla que la tortilla varia en su tamaño, puesto que todo depende del cliente, ya que la más pequeña es para tacos, pero también hace en tamaño mediano y grande para fiestas.
“Carmelita”, como le gusta que le digan, es la sexta generación de mujeres originarias de Coapan que se dedican a elaborar tortillas, puesto todo empezó con su bisabuela, su abuela, su mamá y luego ella, sin embargo, esta actividad la enseñó a sus hijas y ahora sus nietas como es el caso de la más pequeña, Jesamari Feliciano Cesareo, una adolescente de 14 años de edad, quien sueña con ser maestra.
A pesar de ser una mujer de la tercera edad, no para de trabajar, puesto que asegura ser una guerrera y sobre todo aprendió de esta actividad que le ha dado para mantener, junto con su esposo que ahora está enfermo, a su familia formada por 8 hijos, es decir 6 mujeres y 2 hombres, de las cuales la mayor Luz Claudia, quien tiene 50 años, continúa con su legado, así como el resto de sus hijas, Gilberta, Irma, Cheli, Sagrario y Lupita, mientras que sus varones Andrés y Víctor Pablo, se desempeñan a la albañilería al igual que su papá.
“Estoy orgullosa de mis raíces porque es lo que me dejaron mis antepasados, como el trabajo, cuando hay ganancias económicas está bien, pero cuando no, pues tenemos tortillas para comer, aunque antes había trueque, es decir cambiaba por nopales, tempesquistles, huajes o fruta, aunque ahora ya es muy poco esto”, explica la mujer quien porta su mandil sobre una falda larga, así como blusa bordada y peinada con dos trenzas entrelazadas con listón.

Espera que esta actividad la sigan realizando sus hijas, nietas y bisnietas, de quienes se ilusiona para que aprendan a elaborar las tortillas, pero que también estudien para que sean alguien importante en la vida.
Y es que recuerda que a pesar de que solo curso la mitad del primer año de primaria, sabe hacer cuentas y cálculos para tener su masa y obtener ganancias económicas de las tortillas, dinero que mueve al día siguiente.
Recuerda que desde muy pequeña, empezaba su rutina, es decir a las 8:00 de la mañana iba a la escuela y a la hora del recreo salía para ir a su casa con la finalidad de ayudar a su mamá en la elaboración de las tortillas o incluso a cuidar chivos, ya que no tenía las posibilidades de seguir con sus estudios.
A pesar de eso, señala que eso nunca fue impedimento alguno para sobresalir, puesto que siempre le ha gustado el trabajo o demostrar que son honradas, aguerridas y sobre todo luchonas todas las “Coapeñitas”, como así les dicen en la zona.
Orgullosa de su familia formada por 8 hijos, 18 nietos y 6 bisnietos, explica que la mayoría sigue su legado en la elaboración de las tortillas, otras vendiendo tacos o comida, pero siempre demostrando que las mujeres de Coapan son únicas por su gran sabor culinario.
Detalla que hoy en día su jornada es más “relajada”, puesto que empieza a las 09:00 horas a moler, aunque le nixtamal se pone desde un día antes, calculando la cal que se le pone dependiendo de los kilos de maíz que se realizan y termina alrededor de las 18:00 horas.

PROMOTORA DE LA CARRERA DE LA TORTILLA
Además de que su gente es conocida por sus tradiciones y de que las mujeres son quienes mantienen la economía en el hogar mediante la elaboración de las tortillas a mano, también son grandes atletas, pues año con año participan en la “Carrera de la Tortilla” o en otros lustros el “Kilómetro de la Tortilla” organizado por las autoridades subalternas, como municipales.
Es por ello que Carmelita no es la excepción y ha logrado obtener el segundo y tercer lugar, demostrando sus cualidades atléticas.
“Yo participo por gusto, no para que me den un premio, la verdad es que busco que el nombre de Coapan esté en alto a nivel local, nacional e internacional”, reitera, mientras continúa haciendo tortillas con la prensa.
“Muchos jóvenes universitarios se han acercado a mí para platicarles mi vida y sobre todo mi tradición y lo hago con gusto para que sepan más de mi comunidad de la cual me siento orgullosa, por eso siempre he buscado la forma de participar”, mencionó.

Cabe recordar que en el mes de agosto, es cuando se organiza la “Carrera de la Tortilla” en la que solo participan mujeres de esta junta auxiliar, portando la vestimenta típica con huaraches y cargando su tenate en la espalda con varios kilos de tortilla por más de 5 kilómetros, hasta llegar a la meta que es el centro de la comunidad subalterna.
Por lo que invita a todas las mujeres a siempre luchar por sus sueños y demostrar lo fuerte que son en una sociedad en donde se vive de estereotipos y sobre todo menosprecio al sexo débil.
VENDEDORA DE TORTILLAS SUEÑA CON SER MAESTRA
Jesamari Feliciano Cesareo, es una de las nietas orgullosas de Carmelita, quien a sus 14 años de edad, ayuda en el sustento del hogar, puesto que carga su tenate de tortillas con aproximadamente 12 kilos, para ir a vender al mercado “16 de Marzo”, en donde se queda toda la tarde hasta terminar, es decir de las 12:00 horas y hasta las 18:00 horas.
Cuenta que desde los 5 años de edad, la llevaban al centro de Tehuacán para vender, por lo que a los 10 años de edad, se animó a vender sola, sin la compañía de un adulto, para demostrar que tiene capacidad, valor y tenacidad.
En un día se llega a vender 3 tenates de tortillas, es decir alrededor de 36 kilos, aunque todo depende de cómo estén las ventas.
Sin embargo, tiene que aprender a combinar sus tiempos, puesto que también está estudiando la secundaria, es decir cursa el tercer grado, aunque su sueño es ser maestra de primaria.
“Es un trabajo bonito el hacer y vender tortillas, pero algo que me ha enseñado mi abuelita es que si sus hijos no pudieron tener una carrera, por lo menos los nietos”, explica.

Además de que sueña con ser como el resto de sus primos, quienes también son maestros de educación física y dos más son criminólogos.
A su corta edad, comenta que por sus ganas de trabajar le han dado un gran reconocimiento en su comunidad subalterna, sobre todo porque su generación ya no es muy común que se dediquen a vender tortillas.
“Es un orgullo, no me da vergüenza, al contrario es un trabajo como todos y lo mejor de todo es que yo contribuyo en casa”, cita.
Pero además de eso, agrega que ha recibido felicitaciones de sus compañeros de la escuela y personas adultas, quienes la ven como un ejemplo de vida.
Es por ello, que eso la motiva a preservar lo que su mamá y abuela le han enseñado durante años.
Finalmente, Jesamari, exhortó a los jóvenes de su edad a que no esperen a que sus papás les resuelvan todo, sino que cada uno demuestre las capacidades y cualidades que pueden hacer.
