Los gobiernos de España, Irlanda y Eslovenia pedirán hoy, martes, en la reunión de ministros de Exteriores de la Unión Europea que los Veintisiete estudien de nuevo la suspensión del acuerdo de asociación europeo con Israel. La petición formal se hizo por carta el viernes. Es la segunda vez que estos países exigen que la diplomacia comunitaria ponga sobre la mesa la adopción de algún tipo de medida de presión efectiva contra un Gobierno, el de Benjamín Netanyahu, que se comporta con abierto desprecio a la legalidad internacional en su expansión bélica contra sus enemigos en Oriente Próximo. La falta de consenso hace improbable que prospere la petición.
El acuerdo de asociación de la UE con Israel es el principal instrumento de las relaciones entre ambos, lleva en vigor desde el año 2000 y otorga a Israel, que tiene en la Unión a su primer socio comercial, un estatus preferente. El acuerdo está supeditado, como todo lo que firma la UE, al respeto a los derechos humanos. España y otros países pidieron el año pasado que se suspendiera el acuerdo por la violación de este principio por parte de Israel en Gaza. Un informe del Servicio Europeo de Acción Exterior, que dirige la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ya estableció el pasado verano que Israel no cumplía con sus obligaciones en materia de derechos humanos.
La presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, reconoció en 2024 la necesidad de revisar estas relaciones, pero nunca se han concretado medidas. España, Irlanda y Eslovenia consideran que la invasión de Líbano o la aprobación de la pena de muerte para palestinos merecen volver a examinar la propuesta. No es un gesto menor. Si bien las bombas han cesado en Gaza, que sigue siendo inhabitable, el expansionismo bélico de Israel se ha intensificado. Hoy, el de Netanyahu es un Gobierno fuera de control que, amparado por EE UU, está realizando las fantasías del nacionalismo más extremo en Líbano o Cisjordania. Por eso, resulta necesario mirar más allá de la melancolía por la inoperancia de la UE y señalar la incoherencia de un acuerdo preferente con un país como el Israel actual. Es una discusión necesaria. Los europeos merecen saber si la UE está dispuesta a utilizar sus poderosas medidas de presión para que el Gobierno israelí perciba algún tipo de consecuencias por sus actos.
El problema para el Gobierno español es que en Europa su posición se encuentra hoy en minoría, y en una UE dispersa e incoherente ante la relación con Israel hay socios que percibirán su posición, expresada en un mitin de Pedro Sánchez en Huelva, como un gesto de política electoral y para su proyección internacional. El lugar de esta discusión es Bruselas. El anuncio del presidente exige un trabajo diplomático concreto y consistente para lograr las mayorías que permitan salir de la intolerable pasividad de la UE ante los atropellos de Netanyahu.