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Chicas Tercas: un hogar en la cancha

Staff

@línea_th

 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Cuando las luces de los grandes estadios se apagan y quedan atrás los reflectores, el negocio, el espectáculo y las tensiones del Mundial 2026, el verdadero significado del futbol se queda a ras de suelo. En la densidad poblacional de la Alcaldía de Iztapalapa en la Ciudad de México y en el paisaje semirrural de Santa María Tonanitla en el Estado de México, el futbol femenil no es un mero pasatiempo; constituye una declaración de existencia. Niñas y adolescentes se apropian de su cancha, transforman el espacio público y sus propias historias a través de un juego que se convierte en un acto de creación.

Para Alisson, jugadora de 15 años en Chicas Unidas, el futbol es una de sus grandes pasiones junto con la escuela. Para América, de Terkas FC, representa su mundo entero, algo tan vital que su ausencia la desanimaría por completo. Azul, también de Terkas FC, encuentra en el balón a su mejor compañía, el refugio perfecto para jugar y olvidarse de malos momentos.

Jazmín (entrenadora en Chicas Unidas), internacionalista de profesión, decidió regresar a la cancha para trabajar con el deporte que ha jugado toda su vida como una herramienta de cambio social.

 

Karen Victoria Maya

Chicas Unidas y Terkas FC: dos proyectos con identidad propia

Chicas Unidas es una iniciativa que utiliza el futbol como una metodología de intervención social en zonas vulnerables como Iztapalapa. El proyecto nació en Quintana Roo y su expansión llegó a Londres. Su propósito es empoderar a las niñas y dotarlas de habilidades esenciales para la vida —como la resiliencia, el trabajo en equipo y la confianza— a través de entrenamientos que combinan el desarrollo físico, psicomotriz y afectivo en un espacio seguro.

 

Fotografía: Carlos Enciso

Terkas FC es un proyecto comunitario que nace en Santa María Tonanitla, Estado de México. Surge como una respuesta de resistencia ante las barreras de género y la exclusión que sufrían las niñas en las ligas locales de futbol. Es un espacio auto-gestivo de organización colectiva que busca garantizar que las niñas tengan un equipo propio donde jugar, convivir y desarrollarse.

Dos realidades, una misma búsqueda

En Tonanitla, Ariana, responsable de Terkas FC, relata que el equipo nació al enfrentarse a las barreras de género. Al ver que las ligas locales ponían trabas —llegando incluso a prohibirles jugar una final—, apoyó la iniciativa de su hija de fundar un club exclusivo para niñas.

Por su parte, en Iztapalapa, Verónica (coordinadora en Chicas Unidas) explica en la Utopía Meyehualco que el proyecto busca empoderar a las niñas utilizando el futbol como una herramienta para darles habilidades de vida en cada entrenamiento. Mía, una jugadora de 9 años, lo confirma con sencillez: “Chicas Unidas es como un equipo de futbol que te enseña a jugar... pero también te enseñan valores, como hacer amigas y tener empatía”.

La socióloga Adriana Islas Govea explica que el deporte para el desarrollo va más allá de la cancha. Señala que las dinámicas en espacios exclusivos de mujeres son distintas: mientras que los hombres suelen competir primero para luego generar conexión, las niñas y mujeres necesitan el proceso inverso; requieren construir una conexión afectiva previa para poder sentirse cómodas y competir en el ámbito deportivo.

La rutina, la constancia y nuevas disciplinas

Ximena, jugadora de Terkas FC, comparte que el entrenamiento constante y las salidas conjuntas a las que son invitadas han mejorado la convivencia del grupo, permitiéndoles compartir sin pelear. Isaac, padre de Ashley (Chicas Unidas), expresa la felicidad y el orgullo que le genera motivar a su hija a asistir a los entrenamientos y verla crecer, ya sea anotando un gol o defendiendo la portería.

En Chicas Unidas, la entrenadora Itzel detalla que trabajan con niñas desde los 6 años, integrando las esferas psicomotrices, socio-motrices y perceptivo-motriz. Natalia, también entrenadora, enfatiza que la misión del proyecto es romper las barreras de acceso al deporte por razones de género.

 

Adriana Islas Govea, socióloga. — Karen Victoria Maya

Las integrantes de Terkas FC diversificaron su actividad de la mano de María, coordinadora de Ultimate Frisbee para la organización JUF. María explica que, tras un año de trabajo realizan ejercicios con el disco para pulir habilidades. Para la jugadora Arlet, el frisbee se ha convertido en una actividad sumamente divertida que siempre practican con una sonrisa.

El valor más profundo de ambos proyectos radica en la comunidad que se construye fuera y dentro de la cancha. En Tonanitla, las jugadoras comparten alimentos, risas y entrenamientos. Mariana destaca que el disfrute se centra en los momentos compartidos. Alison añade que lo que más valora del equipo es la solidaridad: "lo que yo disfruto mucho de Terkas es que al final de cuentas nunca nos hemos dejado solas así estemos en el peor momento".

Por su parte, en Iztapalapa, las jugadoras de Chicas Unidas experimentan una transformación similar. Valeria confiesa que, aunque suele sentir nervios, estos se calman en cuanto pisa la cancha.

 

Las entrenadoras del proyecto Chicas Unidas. — Karen Victoria Maya

Crecimiento personal y lazos sociales

El impacto de estas iniciativas se consolida en el crecimiento personal. En las dinámicas de Chicas Unidas, jugadoras como Vale expresan que lo que más les agrada es la libertad de comunicarse con confianza al estar rodeadas de otras mujeres. Dome define a Chicas Unidas como un grupo sumamente unido, creado por las entrenadoras para que las niñas puedan jugar libremente.

Ari, fundadora de Terkas FC, reflexiona sobre el crecimiento de su proyecto: comenzó desde cero, con solo 8 jugadoras, y hoy cuenta con 30 niñas provenientes de diversos municipios del Estado de México. Ari hace un llamado a visibilizar estos esfuerzos, recordando que el Estado de México también es parte del país y que a menudo queda en el olvido. Detrás del esfuerzo existen lazos de solidaridad y personas aliadas. En este sentido, Ari destaca y agradece a la Wera Kuri, reconocida por su labor en favor del futbol femenil, y resalta también la ayuda brindada por Brenda Paola Pérez, líder de proyectos en la organización love.fútbol.

Tanto Chicas Unidas como Terkas FC demuestran que la persistencia vence al entorno. En cada pase, en la rutina semanal, en el abrazo de gol y en cada vuelo de disco, estas jóvenes no solo juegan; están fundando una comunidad donde su voz y su valor son las verdaderas reglas del juego.

 

Ariana, entrenadora Terkas FC. — Carlos Enciso.

 

Con información de Proceso

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