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Un ejército de abogados lucha para que puedas pedir un Uber en el aeropuerto de Ciudad de México

Staff

@línea_th

 

Todo lo que un viajero se encuentra al salir del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México (AICM) ilustra el problema que atraviesa la terminal más grande del país. El primer contacto apenas cruzar las puertas son largas filas, autos sobre grúas y agentes de la Guardia Nacional repartiendo multas. La disputa de los taxistas oficiales contra las aplicaciones por el control del aeropuerto ha avanzado durante meses con una extraña cotidianidad de operativos y conductores que se quedan sin vehículo en las dos terminales. Pero a ocho días de que comience la etapa mundialista en la capital, que traerá consigo a millones de visitantes, el conflicto se hace más grande.

Tres meses atrás los taxis amarillos bloquearon los accesos al AICM y sembraron el caos entre el tráfico y los viajeros varados en una protesta que se alargó por cuatro horas. Los concesionados denunciaban una competencia desleal de las plataformas como Uber, DiDi o InDrive, al asegurar que no tienen los permisos que ellos sí pagan para operar en zona federal. El Gobierno salió al paso comprometiéndose entonces a mantener fuera a las aplicaciones de transporte, en una medida que implica que los usuarios deben salir de esa área para abordar los vehículos solicitados por app. El conflicto está en que, a 90 días de ese arreglo, el usuario del aeropuerto no se entera de que existen áreas designadas para ello, y termina encontrándose con el riesgo de que la Guardia Nacional multe a su conductor y lleve el coche al corralón. Uber, que se jacta de tener un amparo que le permite funcionar en la zona, ha desplegado a un equipo de 16 abogados que asiste a los chóferes sancionados en el lugar, negocia con los agentes e impugna la multa de casi 60.000 pesos por cada chófer detenido.

El punto de recogida de la Terminal 1 se ubica sobre avenida Circuito Interior junto a la estación del Metro, mientras que en la Terminal 2 está sobre Fuerza Aérea Mexicana, ambos a unos 10 minutos caminando. Consisten en una pequeña zona de espera con bancas techadas, y una bahía con capacidad para dos o tres autos. Los autos que llegan allí tienen que maniobrar entre el tráfico de la zona, el Metrobús, Trolebús y una base de taxis que también se ha colocado estratégicamente frente a estos sitios para entrar a la feroz competencia por los pasajeros de la capital.

 

Bahía de taxis por aplicación en la Terminal 1 del AICM, instalada a las afueras del aeropuerto. REBECA HERRERA

Las dos terminales carecen de señalamientos que indiquen el camino hacia esas zonas: la gente no sabe que existen y sigue solicitando las aplicaciones a las entradas. Y los Uber siguen entrando. Un conductor, que opera estratégicamente en la zona del aeropuerto, comparte a este diario que en la última semana le han caído apenas dos viajes en los puntos designados y más del triple dentro, en las terminales. Ese chófer tiene un ritual de retirarse los guantes de manejo, quitar el teléfono del soporte y hacer todo lo posible para no parecer taxi de aplicación frente a la Guardia Nacional. “Le digo al pasaje que vamos a decir que es el licenciado o licenciada y yo estoy aquí para llevarlo al despacho”, explica.

José Sagredo, del equipo legal de Uber que se planta cada día en el AICM, explica que el problema radica en que la empresa no encaja en tres características contempladas por la ley: tarifa fija, rutas determinadas y continuidad en el sitio. Bajo ese argumento la empresa dice haber obtenido primero dos resoluciones como jurisprudencia y luego un amparo que establece que puede operar en ese aeropuerto y cualquier zona federal del país. Bajo el paraguas de este último, la empresa instaló hace dos meses un equipo de abogados que “interviene de manera pacífica para razonar con el oficial. Se les recuerda la existencia de la sentencia de amparo y de la jurisprudencia”, explica Sagredo. Desde que se implementó este equipo de contención, asegura, las multas se han reducido un 60%.

Los taxistas autorizados, por su parte, acusan una falta de aplicación de la ley por parte de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes y las autoridades del aeropuerto. Señalan también al Senado y a la Cámara de Diputados por “hacer un traje a la medida” al impulsar iniciativas para las plataformas. Según estos conductores, desde 2015 “miles de familias vinculadas a los servicios del aeropuerto” han visto afectada su fuente de ingresos. “Agotamos todos los canales de comunicación. Hemos pedido mesas de trabajo y no hemos sido escuchados”, dijeron durante las protestas de marzo.

Al margen de la disputa, la demanda es alta y la espera para un viaje por aplicación, ya sea dentro o en las zonas pick up, va de los 10 a 20 minutos, según la hora y el día. Quienes eligen los taxis autorizados también hacen filas largas, pues tardan varios minutos en llegar entre uno y otro. La principal diferencia está en los precios, pues en algunos trayectos los taxis pueden costar hasta el doble que un viaje solicitado por plataforma. Los primeros aseguran que el servicio que ofrecen es mejor, señalan los pagos que tienen que hacer para operar allí y que cuando hacen un largo viaje, vuelven a las terminales sin un pasaje que reduzca los costos.

Las obras que continúan hasta este miércoles dentro y fuera del AICM tampoco alivianan el problema. Uber continúa entrando allí donde las grúas le esperan, los viajeros se confunden y los conductores de terminales, plataforma o de la ciudad compiten por operar en una zona que promete una gran demanda durante el periodo de los cinco partidos mundialistas en la capital.

 
Con información de EL PAÍS

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