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Artesanos mantiene viva la fabricación de Chicotes en San Nicolás Tetitzintla

En la Junta Auxiliar de San Nicolás Tetitzintla, la elaboración artesanal de chicotes para el carnaval mantiene viva una tradición heredada por generaciones, gracias al trabajo de artesanos como José Luna Pérez, quien ha dedicado casi un cuarto de siglo a preservar esta práctica cultural transmitida por su maestro, Félix Nabor

Suamy Hernández Telles
@linea_th


En el corazón de las celebraciones de carnaval, los chicotes representan un símbolo de identidad y tradición. Estas piezas, utilizadas por los danzantes durante los carnavales, son elaboradas de forma artesanal con cuero crudo y requieren un proceso cuidadoso que puede tomar varios días, desde la preparación del material hasta el tejido final.

José Luna Pérez, mejor conocido como “Capulina”, explica que los chicotes están formados por ocho correas de cuero crudo que pueden medir alrededor de dos metros de largo. 

Para lograr su forma característica, el cuero debe remojarse entre uno y dos días, hasta que alcance la flexibilidad adecuada para poder trabajarlo. Posteriormente, comienza el tejido, proceso en el que el material se estira y moldea hasta lograr una pieza redonda, firme y resistente.

El artesano señala que un chicote bien elaborado puede durar entre 10 y hasta 15 años sin romperse, siempre que reciba un uso adecuado. 

Además, incluye elementos como botones o “bolitas”, que ayudan a reforzar el impacto durante su uso, así como argollas de alambrón que forman parte de la estructura.

El tiempo de elaboración varía según la demanda, aunque Luna Pérez ha llegado a fabricar hasta 30 chicotes en aproximadamente 15 días, especialmente en temporada previa al carnaval, cuando la demanda aumenta considerablemente.

En cuanto a los costos, el precio depende del tamaño y grosor del material. 

Los chicotes pequeños pueden costar entre 800 y mil pesos, mientras que los más grandes oscilan entre mil 100 y mil 200 pesos.

Su historia en este oficio comenzó hace cerca de 25 años, cuando buscaba tener su propio chicote para participar en el carnaval. 

Fue entonces cuando conoció a Félix Nabor, quien le enseñó el proceso completo y le heredó el conocimiento, al señalar que en San Nicolás eran pocas las personas que dominaban esta técnica.

Actualmente, Luna Pérez también transmite este conocimiento a sus hijos, quienes ya saben iniciar el tejido y apoyan en el proceso de elaboración. 

Para él, enseñar es fundamental para que la tradición continúe, ya que considera que este oficio no solo representa trabajo, sino identidad cultural y orgullo comunitario.

Asegura que aprender a elaborar chicotes requiere paciencia y práctica, y que dominar la técnica puede tomar varios años. 

Sin embargo, sostiene que el esfuerzo vale la pena, pues cada pieza representa historia, tradición y el legado de quienes enseñaron este oficio.

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