Suamy Hernández Telles
@linea_th
Los festivales culturales en Tehuacán, que deberían promover el arte, la formación de público y el talento local, se han convertido en eventos comerciales que buscan lucro antes que apoyar la cultura, así lo señaló Rafael Andrade, promotor cultural independiente.
Indicó que la diferencia entre un verdadero festival cultural y una feria comercial se ha vuelto evidente. En lugar de artistas independientes, orquestas sinfónicas, danzas, pintores y músicos locales, las pasadas administraciones han optado por traer espectáculos comerciales, dejando de lado la diversidad cultural.
Señaló que en el 2010, con un presupuesto de apenas 2 millones de pesos, se llevó a cabo un festival de 20 días en el que participaron 33 artistas internacionales, 40 artistas locales, 7 países y 6 ciudades, además de incluir 46 actividades culturales en tres escenarios, involucrar a 50 voluntarios, 9 instituciones educativas y contar con el patrocinio en especie de más de 15 empresas. El evento incluso llegó a las juntas auxiliares, asegurando que toda la población tuviera acceso a la cultura.
Hoy en día, los festivales en Tehuacán manejan presupuestos que oscilan entre 5 y 20 millones de pesos, principalmente por la contratación de agencias intermediarias que elevan los costos considerablemente.
Este aumento desproporcionado en los gastos no refleja un beneficio para el desarrollo cultural ni un impacto positivo en la comunidad, sino que evidencia corrupción y un uso ineficiente de los recursos públicos.
También informó que el abandono de áreas como cultura, ecología, turismo y deporte ha tenido un impacto negativo en la sociedad de Tehuacán. A pesar de que la cultura representa el 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), genera empleos y derrama económica, las administraciones no han sabido invertir de manera correcta.
Aunque no se requiere un presupuesto exorbitante, sí es necesario asignar recursos dignos y suficientes que permitan la ejecución de proyectos culturales que beneficien a la comunidad.
Se destacó que el problema principal radica en la designación de funcionarios sin experiencia ni interés en el área cultural, quienes priorizan las ganancias económicas sobre el rescate del patrimonio artístico y la formación de públicos. Eventos importantes, como el Festival Internacional de Tehuacán (FITH), han sido utilizados con fines comerciales, dejando a un lado su verdadera esencia cultural y reflejando un profundo desprecio por el patrimonio local.